En la calma de la tarde el estruendo del escape del arma de instrucción masiva haría que no pasara desapercibida. Cientos de hojas y miles de palabras estaban dispuestas para aniquilar la ignorancia. la graciosa máquina se detuvo ante la indicación del semáforo que en rojo no aplacaba su energía; carburó, reguló unos instantes y luego se hecho a andar. Seguramente tenía un destino al que debía llegar para ser implacable.